METAL

En primer lugar, las piezas metálicas reciben un pulido manual que permite alcanzar una superficie uniforme y un acabado brillante satinado. A continuación, se realizan distintas inmersiones del mueble en soluciones líquidas que, mediante electrólisis, aportan recubrimientos específicos al metal.

El proceso comienza siempre con una base de níquel o latón, según se busque un acabado final de tono plateado o dorado. Después, la pieza vuelve a introducirse en baños con las disoluciones del metal deseado —oro, plata o cobre—, hasta lograr el aspecto final requerido. La última fase consiste en la aplicación de una laca protectora también por inmersión, que sella el acabado y contribuye a su durabilidad.

El resultado es un recubrimiento de aproximadamente 50 micras, aunque puede variar en función del color y del tipo de acabado.

El acabado metálico de nuestros muebles ha superado con la nota máxima los ensayos de resistencia a la corrosión y a la humedad para mobiliario de uso interior en zonas húmedas, según la referencia UNE-EN ISO 12944-2.

En función del mueble, el metal puede ofrecer distintos acabados.

Sillas

Las sillas se fabrican con diferentes acabados metálicos, que permiten adaptar la pieza a diferentes combinaciones estéticas y a los distintos materiales de la colección.

Patas cónicas

bal bla bla